Programa para inmobiliarias: catálogo de inmuebles con fotos, CRM de clientes e interesados, facturación con Verifactu y control del equipo. Todo en uno. Gratis.
Fichas con fotos, precio, m², estado (disponible/reservado/vendido) y tipo.
Propietarios e interesados centralizados con su historial y seguimientos.
Factura tus honorarios con Verifactu y controla el horario de los agentes.
Libélula incluye un módulo inmobiliario con un catálogo de inmuebles: cada propiedad con sus fotos, precio, metros, número de habitaciones y baños, y su estado (disponible, reservado, vendido o alquilado). Filtras por operación, tipo y estado, y vinculas cada inmueble a su propietario dentro del CRM.
El CRM gestiona propietarios e interesados con su pipeline de oportunidades, la facturación con Verifactu emite tus honorarios, y el control horario lleva la jornada de los agentes. Además, con la API puedes publicar tus inmuebles en tu web o en portales.
La mayoría de inmobiliarias acaban pagando tres o cuatro programas distintos: uno para fichar, otro para facturar, otro para los clientes y otro para organizar el trabajo. Libélula CRM reúne control horario, facturación con Verifactu, CRM de clientes, proyectos en tableros Kanban y chat interno en la misma plataforma, con plan gratuito y sin cobro por usuario. Menos suscripciones, menos contraseñas y todos los datos conectados.
Es la función que más operaciones genera y la que peor resuelta suele estar. Para que funcione, la ficha del comprador tiene que guardar cuatro cosas de forma consultable, no como texto libre:
Con eso guardado, cuando entra una captación puedes filtrar en un minuto a quién llamar. Sin eso, se llama a los que uno recuerda, que son siempre los mismos tres.
La conversación más difícil de una agencia es decirle a un propietario que su piso está caro. Se gana con datos y se pierde con opiniones. Si has registrado cada visita y lo que dijeron los interesados, puedes sentarte y enseñar: catorce visitas en dos meses, once comentarios sobre el precio, cero ofertas. Eso no es tu opinión, es lo que ha pasado.
Sin ese registro, la conversación es "yo creo que hay que bajar" contra "pues yo creo que no", y esa la pierdes casi siempre.
Una inmobiliaria maneja datos especialmente sensibles sin darse cuenta: situación económica de los compradores, motivos de venta que a veces son separaciones o herencias, documentación personal. Dos cosas que conviene tener resueltas: accesos por persona en lugar de un usuario compartido, y no mover documentación de clientes por grupos de WhatsApp, que es donde se producen la mayoría de las fugas reales en agencias pequeñas.
El software para inmobiliarias pequeñas se vende casi siempre con el foco en el catálogo de inmuebles y la publicación en portales. Eso hace falta, pero no es donde una agencia de dos o cinco personas pierde operaciones. Se pierden en el otro lado: en los compradores.
Una agencia pequeña maneja decenas de interesados a la vez, cada uno con su presupuesto, su zona y su momento vital. El que llamó hace tres meses porque buscaba un tercero con ascensor y no había nada sigue buscando. Cuando entra ese piso en cartera, o alguien se acuerda de él, o se pierde la operación.
La cartera de inmuebles: cada propiedad con sus fotos, su documentación, su precio y su histórico de visitas y ofertas. Y algo que se olvida: el contacto con el propietario, que también es un cliente al que hay que informar de cómo va su piso.
La cartera de compradores: qué busca cada uno, con qué presupuesto, en qué zona y con qué urgencia. Este lado es el que suele estar en el móvil de cada comercial, y es el que se evapora cuando alguien deja la agencia.
El cruce entre ambos es donde está el trabajo: cuando entra un inmueble, poder ver en un minuto a qué interesados encaja. Eso, hecho a mano, no se hace nunca.
Aquí se cae la mayoría de las operaciones de una agencia pequeña. Se enseña el piso, el interesado dice que se lo piensa y nadie vuelve a llamar. No por dejadez: porque no hay ningún sitio donde esté escrito que había que llamar.
La regla que lo arregla es simple: toda visita genera una tarea de seguimiento con fecha, y toda oferta rechazada genera otra a medio plazo. Un interesado que no compró este piso sigue siendo un comprador activo.
Honorarios, facturas de comisión, contratos de exclusiva con su vencimiento, notas de encargo. En una agencia pequeña eso lo lleva la misma persona que enseña pisos, así que cuanto menos salte entre programas, mejor. En Libélula la ficha del inmueble, la del cliente, las tareas de seguimiento y la facturación viven en el mismo sitio, y el propietario puede seguir el estado de su inmueble desde su portal de cliente.
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