Crea presupuestos profesionales en minutos, envíalos a tus clientes y conviértelos en factura con un clic. Con PDF, IRPF y Verifactu. Prueba gratis.
Crea presupuestos con tus productos y PDF profesional al instante.
Cuando lo aceptan, lo conviertes en factura con un clic.
Añade productos de tu catálogo con precio y stock para no repetir datos.
Cuanto antes envíes un presupuesto claro, más probable es que te digan que sí. Con Libélula creas presupuestos profesionales usando tu catálogo de productos, con PDF automático y numeración propia. Nada de pelearte con plantillas de Word.
La magia está en el paso siguiente: cuando el cliente acepta, conviertes el presupuesto en factura con un clic, manteniendo la numeración y con registro Verifactu. Sin volver a teclear nada. Todo queda unido al cliente en su ficha.
Conviene distinguir tres tipos de solicitante, porque no se tratan igual y confundirlos hace perder mucho tiempo:
El que compara precio. Ha pedido tres o cuatro y va a elegir por número. Con este, el desglose ayuda poco y lo que decide es la rapidez y la claridad. No merece la pena invertir horas en la propuesta.
El que necesita justificar un gasto. Te pide presupuesto para presentarlo a un jefe, a un socio o a una subvención. Aquí el documento tiene que estar bien presentado y detallado, porque va a circular sin ti delante. Suele convertirse en cliente si el papel es bueno.
El que quiere saber si puede permitírselo. Todavía no ha decidido hacer el trabajo. Con este, la conversación importa más que el documento, y el seguimiento a medio plazo es lo que lo cierra: puede tardar meses.
Desglosar por partidas transmite transparencia y permite al cliente quitar cosas para ajustarse, lo que a veces salva la venta. Su riesgo es invitar a discutir línea por línea.
El precio cerrado por el conjunto evita esa negociación y funciona mejor cuando el cliente no sabe valorar las partes. Su riesgo es que si no queda claro qué incluye, cualquier añadido posterior acaba en discusión.
La combinación que suele funcionar: precio cerrado con las partidas listadas como contenido, sin importe individual, y una línea explícita de qué no incluye. El cliente ve todo lo que recibe sin poder desmontarlo pieza a pieza.
Se pierde por tres cosas mucho más prosaicas: se tardó cuatro días en enviarlo, no se entendía qué incluía, y nadie volvió a llamar. Cualquier software para hacer presupuestos que no ataque esas tres no te va a cambiar el resultado, por bonita que sea la plantilla.
En servicios, quien responde el mismo día tiene una ventaja enorme sobre quien responde el jueves siguiente, y no porque sea más barato: porque el cliente sigue con el problema en la cabeza. Lo que hace posible responder rápido no es escribir deprisa, es no partir de cero: partidas y precios ya guardados, plantillas por tipo de trabajo y los datos del cliente ya dentro.
Un presupuesto de una sola línea con un importe grande invita a regatear. Uno desglosado por partidas invita a decidir. Y tres cosas que evitan casi todos los conflictos posteriores:
Es la parte que casi nadie hace y la que más factura. La mayoría de los presupuestos de cierto importe no se responden a la primera; el cliente compara, lo deja en un cajón y se olvida. El que llama a los cinco días para resolver dudas cierra bastantes más.
Para que eso ocurra siempre y no cuando te acuerdas, el presupuesto enviado tiene que generar automáticamente su tarea de recontacto. En Libélula cada presupuesto sale de la ficha del cliente y deja programado su seguimiento; cuando se acepta, se convierte en factura sin volver a teclear las partidas, y en proyecto si hay trabajo que organizar detrás.
Y una lista que conviene mirar una vez al mes: todos los presupuestos enviados y sin respuesta. Suele haber más facturación viva ahí que en cualquier campaña de captación.
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