Vende en tienda con un TPV que genera tickets conformes a VeriFactu: registros encadenados, QR de la AEAT y numeración correlativa. Incluido en Libélula CRM.
Cada ticket se encadena con el anterior mediante una huella SHA-256; no se pueden modificar ni borrar.
El código QR de la AEAT aparece en cada factura simplificada, listo para el cliente.
Vendes igual de rápido; el cumplimiento ocurre solo, por detrás.
Desde la entrada en vigor de VeriFactu, los sistemas de facturación (incluidos los TPV) deben generar registros de facturación encadenados e inalterables y remitirlos o conservarlos según la normativa. El TPV de Libélula lo hace de forma nativa: cada venta que cobras en el mostrador se convierte en una factura simplificada dentro de la cadena VeriFactu, sin que tengas que hacer nada extra.
Significa que puedes seguir vendiendo a la velocidad de siempre, pero cada ticket lleva su huella encadenada, su QR tributario y su numeración correlativa. Si Hacienda lo pide, tienes la cadena completa e íntegra. Y como todo está integrado, esas ventas aparecen también en tu facturación y en tus informes.
Lo mismo aplica a las ventas de tu tienda online: cuando un cliente paga por internet, se genera también una factura simplificada VeriFactu y se descuenta stock. Un único sistema para vender en tienda física y online cumpliendo la normativa. Aprende más sobre VeriFactu.
La obligación de conservación es de quien emite, no del proveedor del programa. En la práctica esto significa dos cosas muy concretas para una tienda:
Que puedas exportar tus registros de facturación en un formato legible, sin depender de que el proveedor siga existiendo. Es la primera pregunta que hay que hacer antes de contratar un TPV, y la que menos gente hace.
Que los registros se conserven durante los plazos que marca la normativa fiscal, que son varios años. Un TPV que solo guarda los últimos meses o que borra al cambiar de ejercicio te deja expuesto.
Este es el cambio de hábito más importante para el equipo de tienda, y conviene explicarlo antes de que pase:
La idea de fondo es simple: lo emitido no se borra, se corrige. Cualquier sistema que permita hacer desaparecer una venta sin dejar huella no cumple, por muy cómodo que resulte.
Un ticket vale para la venta habitual a particular, pero cuando el cliente es una empresa o un autónomo que necesita deducirse el gasto, hace falta factura completa con sus datos fiscales. Un TPV que no permita convertir un ticket en factura completa en el momento obliga a hacerlo aparte, con otro programa y otra numeración, que es justo el desorden que hay que evitar.
Por eso conviene que el punto de venta y la facturación sean el mismo sistema, compartiendo numeración y encadenamiento.
Un TPV emite tickets, y un ticket de venta a particular es una factura simplificada. Eso significa que el punto de venta no es un accesorio del negocio: es un sistema de facturación, y le aplican los mismos requisitos que a cualquier otro.
En la práctica, un sistema conforme tiene que garantizar tres cosas: que la numeración sea correlativa y sin huecos, que un ticket emitido no se pueda modificar ni borrar sin dejar rastro, y que quede constancia verificable de cada emisión. Lo que se acabó es la caja registradora que permite anular una venta y que desaparezca.
Menos de lo que la gente teme, pero hay que saberlo:
Hay bastante ruido comercial alrededor de esto, así que conviene ir con preguntas concretas:
En Libélula el TPV y la facturación son el mismo sistema: la venta rápida genera su factura simplificada con huella encadenada y QR, descuenta stock y queda en la misma numeración que el resto. El sistema está validado contra el entorno de pruebas de la AEAT.
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