La forma más sencilla para un autónomo de vender online: productos, cobro con tarjeta, factura simplificada VeriFactu y stock, todo integrado con tu facturación.
Nada de plugins ni mantenimiento. Subes productos, publicas y vendes.
Tienda, facturación, TPV, clientes e informes en la misma herramienta.
Facturas simplificadas con VeriFactu en cada venta, sin configurar nada raro.
Si eres autónomo y quieres vender por internet sin liarte con WordPress, plugins y mantenimiento, la tienda online de Libélula es la vía directa. Está pensada para que una sola persona la monte y la gestione, y para que cada venta quede facturada en regla sin esfuerzo.
En vez de juntar una tienda por un lado, un programa de facturas por otro y una hoja de stock por otro, lo tienes todo integrado: la tienda usa tus productos, cobra con tu Stripe, emite la factura simplificada VeriFactu, descuenta stock y guarda al comprador como cliente. Y lo mismo si vendes en persona con el TPV.
Puedes arrancar con el plan gratuito, publicar tu tienda y compartirla por WhatsApp, redes o un QR físico. Cuando el negocio crece, subes de plan para más productos, almacenamiento y funciones. Mira el detalle en funcionalidades o crea la tienda desde aquí.
Antes de montar nada conviene tener la cuenta clara, porque lo que hunde márgenes no es la plataforma:
Una tienda online tiene obligaciones de información que no son opcionales y que se revisan:
No es papeleo decorativo: la falta de información sobre el desistimiento amplía el plazo del que dispone el cliente para devolver, lo que puede salirte caro mucho después de la venta.
El error clásico es subir todo el catálogo antes de vender nada. Es más rápido empezar por las veinte referencias que más vendes en el mostrador, con fotos decentes y fichas bien escritas, y ampliar con lo que la gente pregunte. Veinte productos bien puestos venden más que doscientos a medias, y te dejan aprender el circuito de pedido, cobro, envío y factura con poco riesgo.
El problema aparece el primer día que vendes por los dos canales: el stock. Vendes el último en el mostrador, alguien lo compra por la web esa misma tarde y te toca llamar para deshacer el pedido. Si la tienda y el TPV no comparten el mismo inventario, ese conflicto se repite todas las semanas.
La solución no es un TPV más caro: es que el punto de venta y la tienda online descuenten del mismo sitio. A partir de ahí, todo lo demás se simplifica.
Los tickets de venta son facturas simplificadas y el sistema que los emite tiene que cumplir los requisitos de integridad y trazabilidad de la normativa de facturación: numeración correlativa, imposibilidad de alterar lo emitido sin dejar rastro y constancia de cada emisión.
Eso deja fuera las soluciones improvisadas —una hoja de cálculo, una app de notas, un talonario— por muy pequeño que sea el volumen. En Libélula tanto el ticket del TPV como la factura de la tienda online se emiten con encadenamiento de huella y código QR, y el sistema está validado contra el entorno de pruebas de la AEAT.
No hace falta montar los dos canales a la vez. Si ya tienes tienda física, empieza por el TPV y añade la venta online cuando el catálogo esté ordenado; si empiezas online, el TPV llega cuando lo necesites. Lo que sí conviene es que ambos salgan del mismo catálogo desde el principio, porque migrar un inventario con ventas en marcha es lo que de verdad cuesta.
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